Privado & Público

No se muere por cáncer

Cuenta mi prima Teresa que una mariposa pequeña voló por toda la cama, se posó sobre su cuerpo y se la llevó. En ese momento decidió cubrir los ojos de mi madre y sacarla rápido de la habitación donde dormía su cuerpo sin alma. Todo pasó de prisa, en la misma casa a la que llegó sonriente siete días antes, para descansar de las tantas quimioterapias que, poco a poco, apagaron sus vibras y alegría.Era la 1:38 a.m. del 1 de mayo. El mes de las madres estaba recién comenzado cuando recibí la llamada a 2,400 kilómetros (1,500 millas) de distancia. Saqué ovarios de donde faltaban para pedirle a mi madre que respirara, cuando le faltaba el aliento y la consolación.

Mientras llorábamos por el teléfono, mis tía abuelas Adelina (80), Rosita (74) y Marina (71) tragaron sus penas, bañaron su cuerpo, le pusieron un vestido blanco de piedras y la maquillaron, tal como hizo mi abuela durante 47 años, para salir a caminar por las calles de Nueva York: con la chemba roja, bien colorá, y los cachetes rosaditos.

Entonces, como si no generara estrés ni ansiedad suficiente el haberla cuidado día y noche durante los últimos dos años y cinco meses, mi madre entró a la habitación…a contemplarla y despedirla.

Los rezos del noveno día fueron el 11 de mayo de 2018, en casa de una de sus sobrinas, donde murió. Este altar fue llevado al cementerio ese mismo día, para darle paz a su alma. Foto y arreglo floral: Gabriel Sánchez.

Solo me queda la memoria de la familia sobre sus últimos días de vida, allá, en la tierra preñada de Villa González (Santiago, Rep. Dom.), donde mi abuela amarró tanto tabaco y vivió junto a su gente antes de mudarse a la capital. Y créanme que no me siento mal por eso; ni por su muerte ni porque no estuve en ese momento.

La verdad: no recuerdo un tiempo específico en que mi abuela, mi madre y yo estuviéramos separadas. Ni estando Mami casada, ni después que me casé yo. Y después que enfermó, estuve cuando ella necesitó ir al baño, visitar a su doctor, para hablar sobre lo último en las noticias, para calmarle el dolor.

No niego que duele, duele mucho. Como cuando se tiene mucha hambre. Sin saber qué diache se come para estas ocasiones. Pero, en el fondo, me alivia saber que Mamá no murió por cáncer. Eso no la mató.

Estoy muy convencida que lo hizo el cansancio de las batallas diarias que libraba para demostrarme y mostrar a toda su familia que era una mujer fuerte y capaz de lograr todo lo que se proponía. Lo hizo el agotamiento físico que le producía la falta de programas sociales para personas de tercera edad que, por los ingresos que reciben de su retiro, caen en esa área gris llamada “persona no elegible de clase media”. También lo hizo la frustración de perder lentamente sus habilidades de caminar por la Avenida Saint Nicholas, bailar un buen merengue, cocinar unos bollos de harina de maíz y viajar tanto como le encantaba.

No, el cáncer no mata. Pero sí, nuestra falta de educación sobre la enfermedad, la mentalidad tan cerrada y los taboo que nos permiten decir “¡Coño!” con más libertad que el nombre del malestar mismo. Lo hace la dificultad con que se tiene acceso a la información -y a los servicios- que mejor benefician a los pacientes latinos con cáncer. Lo hace la cultura de miedo y de negación que tenemos los caribeños hacia la muerte, y cuánto nos enfatizan esconder nuestros sentimientos, nuestras lágrimas, nuestro dolor.

Lo que mata es ser de un grupo de gente con una idiosincrasia tan “TeleSur” en un país tan “CNN”, donde falta la consideración y el conocimiento sobre nuestros rituales y creencias, y donde el sistema de vida desestima los esfuerzos que hacen esos familiares nuestros que se quedan en casa para apoyarnos en todo.

Mi abuela peleó duro y recio, como lo’ gallo’ bueno’. Y nosotros siempre estuvimos con ella. Siempre. Y eso es todo.

María Josefina Almonte Polanco nació en 1940. Llegó a Nueva York con 30 años de edad, tras haber luchado en la Guerra de Abril de 1965. Se reunió con su única hija tres años más tarde, a quien trajo desde Santo Domingo, Rep. Dom.

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