Privado & Público

Perdida en el laberinto de la salud mental

Fuera un grupo de tres o fuera el equipo de cinco, la investigación periodística sobre los obstáculos que enfrentan los latinos al navegar y acudir a tratamientos de salud mental fue un reto agotador y mentalmente agobiante para cada una de mis compañeras, en particular, para mí por dos razones muy puntuales:

Yo tenía que deshacerme de mis conocimientos previos sobre asuntos de salud para ayudar a mis colegas a que llegáramos juntas a un nivel de entendimiento en el que pudiéramos discutir los temas y nos diéramos a entender, para continuar con la investigación; y tenía que validar con expertos y fuentes primarias que lo que yo entendía que era lo “cierto” realmente lo era o, por lo menos, podía comprobar que así lo era.

El periodismo de investigación que hicimos en esta clase me enseñó que nosotros -los periodistas- no sabemos nada hasta que lo confirmamos. Y si no lo hacemos, no podemos decir que lo damos por válido o por sabido. Es distinto al diarismo y al periodismo de agenda propia menos profundo, en que se le adjudica cierta honestidad a la “palabra” del periodista y se le cree porque cubre la fuente o porque se supone que hace el trabajo bajo los estándares éticos de la profesión.

Acá, en el periodismo de investigación, eso no vale. Sí. Se supone que hacemos un trabajo honesto y apegado a los principios, pero el trabajo y el periodista valen lo que valen sus fuentes. Y ya lo tengo muy claro. Este tipo de periodismo en furioso, espinoso. Te saca de la zona de confort aunque no quieras. Te cuestiona y hace que te arrodilles ante los demás y hasta ti mismo -y los ideales o los prejuicios que en un principio tenías-.

Hanaa’ Tameez and Maritza Villela in East Harlem. August 2017.

Por eso, fue un reto entrevistar junto a Hanaa’ a la asambleísta por el distrito 72 del estado de Nueva York, Carmen de la Rosa, a quien tuve que hacer preguntas sobre los cambios que propone con la ley de prevención de suicidios en el Alto Manhattan, en vez de hacerle un perfil y elogiar su trabajo, como se hubiera hecho para cualquier diario dominicano.

Cubrir la caminata Out of the Darkness junto a Maritza y Hanaa’ tuvo un elemento distinto. Esta vez no era un daybook, no era una reseña sobre el evento. Teníamos un objetivo más “profundo”, de buscar casos y fuentes que pudiéramos alimentar para nuestra investigación sobre latinos, suicidio y salud mental en la ciudad de Nueva York.

Allí fue donde conocimos a Wanda Figueroa quien, además de ser una de nuestras expertas en el trabajo de investigación, se ha convertido en el personaje principal de mi perfil con fines de capstone.

Con este trabajo de investigación, he aprendido a cultivar mejor mis fuentes. He seguido en contacto Wanda, pues ella perdió uno de sus cinco hijos en mayo, cuando se quitó la vida. Y en el intento por crear mejores oportunidades para las personas con problemas de salud mental, organizó una venta de pasteles en su lugar de trabajo. Yo estuve allí para documentarlo. La voluntad de Wanda me llevó a Staten Island, a conocer la gente con la que ella trabaja y la comunidad que ella atiende en el salón de emergencias del Richmond University Medical Center.

Y, en la medida en que ella vio que mi compromiso con la comunidad latina, con los asuntos de salud y ciencias, ella me ofreció conocerla mejor y hasta me invitó al cumpleaños que celebró para honrar la memoria de su hijo fallecido. Este periodismo me ha enseñado a ser íntima.

Richmond University Medical Center, in Staten Island. Nov. 2017.

Y también me ha enseñado a preguntarle a los vientos. Recuerdo que en algún momento de nuestra investigación, llegamos a un punto donde todas estuvimos estancadas y no sabíamos cómo confirmar que las informaciones que nos suministraban nuestras fuentes eran ciertas o se relacionaban entre sí. Y tuve que pedir ayuda, cosa que en lugares como República Dominicana es una cosa “absurda”, si pretendes llamarte una periodista. Pues, se cree que el periodista lo sabe todo.

Aquí fue cuando me comuniqué con Katie Jennings y Dan Goldberg, reporteros en Nueva Jersey y Nueva York para POLITICO, respectivamente, para que nos orientaran con quién conversar para aclarar nuestras dudas y datos. Y fue así como dimos con Laura Kassel, coordinadora de programas para Medicaid Matters, en Albany, NY.

Gracias al trabajo que hicimos para esta investigación aprecio mucho mejor el valor de una transcripción de notas clara -cero jeroglíficos-. Y la organización casi obstinada. Esto fue lo que nos ayudó a conseguir las fuentes donde habíamos buscado datos y cifras puntuales, y regresar a ellas cuando debíamos escribir el reportaje de investigación. Así lo aprendí de mis compañeras, cuando me tocó trabajar en documentos conjuntos en que incluimos artículos de interés y -en mi caso- fuentes sobre las políticas de cuidado de salud y el programa de Medicaid.

Por último, la mejor enseñanza que me llevo es haber desarrollado mejor mi facultad para la paciencia, humildad y el sentido común. Recuerdo que Hanaa’ y yo fuimos a un centro de salud comunitario en Washington Heights, que ofrece servicios de salud mental. Esperamos por la supervisora al menos una hora, mientras observábamos al ambiente en el Community Health Network. No obtuvimos casos, pero salimos de allí conociendo a la supervisora, estableciendo un contacto con ella, escuchamos sobre las situaciones de cobertura de salud a la que los pacientes tenían acceso y vimos cuán vulnerables son las personas que desconocen cómo funcionan los sistemas de seguros de salud.

De alguna forma, esta clase me permitió palpar y ver personalmente lo que me habían enseñado en mi clase de introducción al periodismo de salud. Y, la verdad, esta fue la única clase en mi tiempo de maestría que me permitió trabajar uno de los temas que quiero cubrir para el resto de mi carrera periodística en mi idioma preferido. Qué placer haberme perdido en el laberinto de la salud mental.

Ensayo escrito como memo final sobre el proyecto de investigación Mental Hell, con Hanaa’ Tameez, Maritza Villela, Nicole Acevedo y Julia Sclafani, para las profesoras Ginger Thompson y Cristina Maldonado.

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