En este año sabático…

Cuando salí de República Dominicana en abril de 2015, la verdad, mi viaje tenía rumbo medio definido. Me fui de Quisqueya por varias razones, más bien, por varias personas: por mí, por mi esposo, por mi familia. Lo que al principio estuvo medio claro y visible en concepto, pasó a ser turbio y opaco con ojos abiertos. Ya me había ido. Estaba en la Gran Manzana y no sabía por dónde morder.

“Todo será más lento”, dijo un amigo de mi padre.

Y lo fue. La lentitud llevó al desespero, y esto a la frustración, y esta al abandono, y esto al fracaso. Me perdí en lo claro: en las luces publicitarias, en la bulla, en el gentío, en el tráfico de influencias de escala diplómatica y burocracia intocable, en la falta de oportunidad para mi cabello rizo y apoyo entre la misma comunidad de latinos en la diáspora, en la cultura del oprimido, en la falta de representación, incluso siendo la quinta agrupación más grande de hispanos en el “gran imperio amigo”.

Phoenix pocket watch

Y perdí.

Me perdí. Salí del cuerpo que me habían dado aquellos víveres dominicanos en mis últimos 18 años y aislé esas ideas de cambio, revolución y crecimiento que habían en mí. Lo hice todo a un lado y seguí atada a ninguna de mis metas. Dejé de ser, y así me detuve por un año a observar.

Vi cómo la esperanza regenera la voluntad de madres solteras, sintiéndose estancadas. Me di cuenta cómo la organización mental conquista el llanto y te separa del sufrimiento cuando no tienes un hogar por no poder pagar el alquiler. Vi cómo la experiencia de caer y levantarte te aleja del miedo a la ridiculez y del qué dirán cuando haces el dinero con la venta de frutas en la esquina.

Observa – Planea – Actúa

He visto que la realidad social de Estados Unidos no tiene problemas de “primer mundo”; tiene gente en poder con percepciones sesgadas a las otras múltiples realidades que se viven en las avenidas de cada ciudad, lo que te aleja de la empatía, te quita la facultad para priorizar en momentos de escasez y pérdida de claridad.

Jesenia De Moya C en Parque de Nueva York

Ahora me doy cuenta que este viaje ha sido más para mí que para cualquier otra persona. He vuelto a conocer los familiares que dejé en Nueva York cuando niña, tengo la oportunidad de apoyar a mi esposo en este país de migrantes y me he fortalecido, reconstruído, me he formado en la universidad Jungla de Cemento, que me ha dado una nueva voz, que crea en mí una nueva opinión, un nuevo trabajo: dejarte saber que la sociedad es cruel, si así lo permites, ya que todos hemos de ser una reluciente ave Fénix.

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