educación, Privado & Público, Sociedad

El aborto y sus decisivas

Feliz y muy contenta me puse cuando al pabellón llegó la noticia de que una amiga de infancia regresaba a Quisqueya, La Bella, desde las lejanas ciudades metropolitanas ubicadas al otro lado de aquel río salado, tras varios abriles sin verla.

Tiré el cansancio y el estrés a la basura y compré 10 libras de energía y entusiasmo para esperar su llegada. Al pisar dominicana, trajo consigo un ser diminuto e inofensivo, que babeaba y sonreía por cualquier cosa. Llegamos a casa y platicamos sobre la razón de su visita y el macho que la acompañaba.

Dijo que iba a llegar sola pero no pudo, porque hacían 17 meses que vivía junto al risueño chiquillo. Mencionó que las agallas y el coraje no les llegaban tan a fondo como para deshacerse de la criatura; le pesaba mucho el hecho de abortar la inocencia e inmadurez de ese ser que en ese momento iluminaba los callejones de su alma.

Y escuchando sus quejidos y alegrías, el cerebelo pensó que el aborto no es una decisión para toda persona, implica ser una persona humana. Es la decisiva decisión tomada por el único ser afectado directamente con la llegada y la salida de ese delicado ser humano. Es la mujer plena quien tiene la potestad de su cuerpo, de su vida y de sus circunstancias y es quien debe tener la capacidad para discernir lo moral, lo ético, lo aceptable y lo conveniente para la realidad en que vive.

Me explicó que este acto atroz y desgarrador es decisión única de una mujer, su conciencia, su moralidad y su dios, dentro de su plenitud como persona. Mencionó que la mujer con la carga del cisne debe pensar en ella, en lo que le dicen los valores de su moral y en las palabras que le pronuncia el dios al que le agradece la vida.

Terminado el conversar, esperé un momento tras su partida y me acorralé en un cubículo sin paredes y al aire libre en los alrededores de casa, para digerir lo que mi mente se había tragado, para dialogar conmigo, mi conciencia, hablarle a mi moralidad y mi dios.

Para ese momento, los dedos no querían escribir, ni siquiera tenían deseo de hacerlo. Simplemente, se juntaron unos a otros como las palmas que se encuentran entre fuertes vientos y guardaron silencio por ratos venideros.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s